Consejos de oratoria para el discurso de graduación (Parte I)

Las graduaciones son momentos que tienen un gran contenido emocional. Nadie puede dejar de reconocer todos los sentimientos que están envueltos en este momento para aquellos que han llegado al final de su carrera. Por un lado, la dicha de poder comenzar su carrera profesional; por otro, la tristeza de la despedida de los docentes, los condiscípulos y la casa de estudios. Y en medio de esta situación emocional tiene lugar la ceremonia.

La ceremonia es para todos los graduados un momento sumamente especial. Sin embargo, para aquellos alumnos a los que les toca pronunciar el discurso en representación de toda la promoción, este momento puede resultar en mucha tensión. Para combatir eficazmente los nervios y encararse a la tarea de pronunciar una disertación elocuente, a continuación analizaremos consejos prácticos que resultarán útiles para la situación descrita.

oratoria-3La oratoria es un arte. Célebres personajes de la Antigüedad se destacaron por su destreza en este campo. Se cuenta que Cicerón tenía una oratoria tan elocuente que podía movilizar y convencer hasta a sus oponentes en un juicio. Obviamente, uno no necesita tal genio para salir airoso de la situación de pronunciar un discurso de graduación. Pero, apegándose a algunas sugerencias, puede hacer una digna tarea. En principio, uno debe definir las cuestiones de forma del discurso. Ya hemos hablado en otros artículos de la estructura que debe seguir un discurso de graduación, según lo marca la tradición. No obstante, hay otras cuestiones que decidir: ¿se presentará el discurso leído? Ésta es una buena opción para aquellos que no se sienten capaces de improvisar.

Sin embargo, puede que algunos decidan hacerse un pequeño bosquejo para lograr que el discurso suene más natural. En ese caso, lo primero es confeccionar una guía escrita que sirva de ayuda para la memoria y estructure el discurso. En vez de poner por escrito todo lo que uno dirá, aunque no lo lea, no parece una buena idea, toda vez que tendrá unos segundos para consultar las notas cada vez que las mire, y la abundancia de palabras puede hacer que uno se pierda fácilmente. Lo mejor, por lo tanto, es escribir frases breves que permitan tener una noción de las ideas principales de las que hablará y estructurar los distintos temas de modo que uno ubique con un golpe de vista la parte del discurso en la que está.

Si bien el discurso aprendido de memoria puede sonar recitado, la persona que presente el discurso de graduación hará bien en aprenderse las palabras de apertura y de cierre de su intervención para poder decirlas sin titubeos y viendo al auditorio. Justamente, otro asunto que ha de tener presente el orador es el contacto visual con la concurrencia. Es posible que si uno se extiende demasiado en temas de poco interés para el auditorio, muchos asistentes no seguirán las palabras que se estén pronunciando. En el caso de que esto pase, los asistentes rara vez abandonarán sus asientos, pero uno verá que la mayoría de ellos están distraídos. Para evitarlo, uno tiene que percibir si los concurrentes están prestando atención a lo que está diciendo.

¿Y cómo evitar que los presentes sucumban al tedio durante el discurso? Uno debe concentrarse en una presentación animada. Si bien la formalidad de la ocasión dicta guardar una cierta solemnidad a la hora de discursar, no se verá como una  falta de respeto el que uno presente la información de manera animosa y con naturalidad. No ha de confundirse la formalidad con adoptar un tono litúrgico. La disertación tiene que ser enfática. Mediante la forma de pronunciar las palabras se deben destacar las partes del discurso más emotivas.

En el próximo artículo continuaremos analizando sugerencias prácticas para pronunciar el discurso de graduación con elocuencia.

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