Consejos de oratoria para el discurso de graduación (Parte II)

En el artículo anterior, analizamos algunos consejos útiles para presentar un discurso de graduación de la forma más elocuente posible. En esta continuación, veremos algunas sugerencias más que se pueden poner en práctica para lograr el objetivo. Veremos algunos consejos sobre cómo combatir el nerviosismo, entre otros temas.

Los nervios suelen ser los peores enemigos de quien va a pronunciar un discurso. Por eso, toda persona que se prepare para disertar en una graduación debe hacer frente a este problema para que la intranquilidad inherente a estas ocasiones no se convierta en un obstáculo insuperable. La mejor manera de vencer el temor a hablar en público es preparase bien para pronunciar el discurso. Si uno está bien seguro de lo que dirá y prepara las ideas para comunicarlas en un orden lógico, será menos probable que el temor nos impida hablar o nos paralice.

Algunos oradores recomiendan hacer ejercicios de relajación para poder controlar los nervios ocasionados por la perspectiva de pronunciar un discurso, sobre todo durante los instantes previos. Hay quienes recomiendan que quien vaya a pronunciar un discurso intente respirar profundamente, pues esto lo mantendrá relajado. También el hacer algunos movimientos suaves con el cuello o con las muñecas ayudará a mantener la calma o recuperarla. No es recomendable que uno camine frenéticamente de un lado a otro ni que consulte las notas vez tras vez. Algunos oradores prefieren no pensar en nada mientras que a otros les resulta útil hacer un repaso de las ideas principales del discurso.

Algo que tampoco es recomendable es hacer modificaciones de última hora a lo que uno dirá. Esto acrecentará el nerviosismo que uno tenga y puede deslucir la actuación del discursante. Por el contrario, uno debe atenerse a lo planificado. Ahora bien, habrá ocasiones en las que una modificación se hará necesaria. Por ejemplo, podría surgir el caso de que la ceremonia se haya dilatado y se deba acortar la intervención; o puede que uno descubra que un dato que había incluido es erróneo o está incompleto. En esos casos, una breve corrección será todo lo que se necesite. Más allá de esos acontecimientos imprevistos, no hay razón para andar cambiando nada.

Si bien se valora mucho la naturalidad como cualidad imprescindible para ser un buen orador, uno no debe confiarse tanto que termine hablando más de la cuenta. El tiempo que se dará para que uno diserte será limitado y se debe respetar. Uno puede hacer una marca al lado de cada idea indicando cuánto tiempo puede dedicar a cada parte del discurso. Si uno ve que el tiempo se le fue de las manos, hará bien en acotar sus comentarios de conclusión para terminar a tiempo o con el menor exceso posible.

Para dar un buen discurso no hay que prepararse para ejercer la perfección. Si bien ciertos errores se pueden pulir, a veces resultará imposible no cometer errores. Por eso, es recomendable que uno sepa reírse de sus errores. Si comete algún yerro a la hora de pronunciar una palabra, un nombre, etc. una sonrisa cómplice junto a una rápida corrección del equívoco será suficiente para que su intervención no resulte perjudicada. En otras ocasiones, habrá errores que resultarán imperceptibles para el aforo por lo que no existirá la necesidad de hacer una regresión y enmendarse.

Es evidente que en un par de artículos no se podrán abordar todos los aspectos que hay que tener en cuenta a la hora de pronunciar un discurso de graduación. Pero siguiendo las recomendaciones citadas se podrá hacer un papel más que digno y se podrá presentar un discurso que verdaderamente sirva como broche de oro a una carrera exitosa.

Author:

Share This Post On